Es verano, conduces con todas las expectativas rumbo a la playa y, de la nada, el auto se apaga dejándote tirado en el medio de la nada. Toda la familia se baja y se dispone a empujar cuando, un valiente en el asiento del piloto, intenta dar marcha. Después de tres intentos desesperantes, el auto finalmente arranca. Aquel momento de alivio es una experiencia casi religiosa.
La decepción hermano, la traición.
Ahora imagínate que esto sucede a 21,000 millones de kilómetros de casa (la Tierra), y que el motor enciende después de 37 años apagado. Un equipo del Laboratorio de Propulsión de la NASA en Pasadena, California, logró encender un conjunto de motores secundarios en la Voyager I que no se habían utilizado desde 1980.
Extendiendo la vida de la Voyager I.
“Gracias a dichos propulsores, que todavía funcionan tras 37 años de estar parados, seremos capaces de extender la vida útil de la nave entre dos y tres años”, afirmó en un comunicado Suzanne Dodd, gerente de proyectos en el área responsable por este empujoncito.
Cada cierto tiempo, la Voyager I – el objeto construido por humanos más lejano a la Tierra – debe activar sus motores de forma breve, con impulsos que duran apenas unos milisegundos.
Ciertamente parece insignificante, pero cuando se está en el vacío sin aire y fricción, cualquier pequeño impulso cuenta. Aunque se trate de una propulsión casi imperceptible, resulta suficiente para corregir la posición de la antena de transmisión y mantenerla en dirección a la Tierra. A esta distancia, nuestro enorme planeta no pasa de un pequeño punto en el espacio, y toda precisión es poca cuando se habla de seguir enviado información a través de la sonda.
En 2014, los ingenieros de la NASA advirtieron que los propulsores diseñados originalmente para este fin ya estaban desgastados. Fue entonces que surgió la idea: entre los años de 1997 y 1980, la Voyager I estudió planetas como Júpiter y Saturno. Para atravesar estos gigantes, empleó otros motores que hacían correcciones en la trayectoria mucho más radicales que aquellas necesarias en la orientación de la antena.
Un último empujón.
Y los motores todavía se encontraban ahí, inactivos. Llevaron a cabo el servicio pesado para el que fueron diseñados y después los apagaron. Para volverlos a encender, el equipo de la NASA se sumergió en antiguos códigos de computadora. El 28 de noviembre enviaron la primera señal de prueba, y 19 horas después, el día 29, una antena receptora ubicada en California recibió la señal: éxito. La Voyager I salió del atolladero.
“El equipo de la Voyager se hace más optimista con cada paso que da en las pruebas”, aseguró Todd Barber, especialista en cohetes. “Quedamos muy aliviados, contentos e incrédulos al observar que los propulsores, tras un descanso tan largo, arrancaron como si el tiempo no hubiera pasado”.
Ahora, el próximo paso es ver si la Voyager II reacciona de la misma forma. Aunque esté más cerca de la Tierra – a tan “solo” 17,000 millones de kilómetros -, eventualmente terminará saliendo del Sistema Solar, y quizá entonces se pueda beneficiar del mismo truco aplicado en su antecesora.
Entradas Relacionadas:
El artículo Motores auxiliares en Voyager I encienden después de 37 años fue publicado en Marcianos.
La entrada Motores auxiliares en Voyager I encienden después de 37 años aparece primero en http://ift.tt/2zRi5qP


0 comentarios:
Publicar un comentario