Finalmente les tengo la quinta entrega de estos escalofriantes relatos de errores en la realidad. Si alguna vez has sentido que el mundo a tu alrededor carece de toda lógica, si el tiempo repentinamente avanzó muy rápido o has soñado con vivir otras vidas, sin duda estas historias son para ti.
Hay otra como yo viviendo en este mundo.
Hace como cuatro meses me dirigí a una tienda departamental para hacer algunas compras. Cuando entré a la tienda para comprar un vestido, inmediatamente una de las encargadas se acercó corriendo hasta mí y preguntó: “¿Finalmente se decidió por el pantalón?”. Extrañada, le pregunté de qué pantalón hablaba. Me dijo que me había atendido hacía 40 minutos, que me había vendido un vestido, un cinturón y fundas para almohada, que además me había gustado mucho un pantalón, pero me quedé sin efectivo y decidí dejarlo para la próxima.
Le dije a la encargada que no había sido yo, pues había llegado a la tienda hacía apenas 15 minutos, pero ella me insistió, me dijo que estaba segura. Entonces le mostré el ticket del estacionamiento, donde confirmaba que había ingresado hacia tan solo 15 minutos a la tienda. La mujer se puso pálida y me llevó hasta la caja, donde otra vendedora confirmó que YO había estado en la tienda, incluso estaba procesando mis compras, pues habría mandado a envolver para regalo un vestido. Esta vez fui yo la que se puso pálida, y es que fui a esa tienda precisamente a comprar un vestido para mamá, pues ese día era su cumpleaños.
Sin poder creerlo le pedí a la primera vendedora que me mostrara el pantalón, y me llevé una sorpresa cuando lo vi, pues tengo uno exactamente igual, con el mismo diseño, del mismo color y talla. Salí de aquella tienda sin comprar nada. Hasta el día de hoy no puedo explicarme lo que sucedió. ¿Acaso tengo un doble, una hermana gemela, fue un caso de universo paralelo o, lo más probable, se trató de una falla en la Matrix?
Corrección en la Matrix.
Un amigo y yo fuimos a un restaurante de comida china, él ordenó pollo General Tso y yo Lo Mein de camarón. Cuando nos sentamos, sacamos las cajas y las colocamos sobre una mesa a apenas unos centímetros de distancia. Mi amigo abre su caja y vemos una orden de Lo Mein de camarón. Claramente vimos los fideos, el camarón y arroz frito. Cierra la caja y entonces yo abro la otra, y ahí también hay otra orden de Lo Mein: los fideos, el camarón y arroz frito.
“Oh”, pensé. “Quizá mezclaron la orden”. Estaba a punto de decir esto cuando mi amigo dice en voz alta “creo que confundieron la orden y nos dieron lo mismo a los dos”… cuando abre la primera caja otra vez, allí dentro hay una orden de pollo General Tso: pollo cocido, arroz blanco y huevo enrollado. Se quedó inmóvil y me volteó a ver… mi primera reacción también fue regresar a verlo… nos sentamos y nos quedamos en silencio.
Nos llevó más de cinco minutos salir de la impresión. No tengo la menor idea de lo que pasó ese día.
Sueño de otra vida.
No es nada espeluznante, pero fue algo tan vívido que todavía me hace pensar, incluso años después de que me sucedió. Tuve un sueño (subjetivamente) largo, era un sueño donde yo era un vendedor de pescado. Recuerdo haberme levantado por la madrugada, vestirme, hacer toda una rutina de aseo, ir a tomar té, salir a los muelles, comprar pescado, cargarlos en una camioneta e ir a comprar barras de hielo, regatear el precio del hielo, comprar algo de pescado menos fresco mientras estaba ahí e ir hasta mi puesto de mercado donde pasé todo el día. Fue algo tan real. Hablé con mis amigos, fumé unos cigarrillos muy desagradables, regateé con los clientes, almorcé, tomé té y simplemente viví mi rutina diaria. Cuando terminó el día limpié, conté el dinero, pagué el alquiler del local, fui a casa, cociné algunos de los peces que no vendí, freí algunas verduras y arroz que había cambiado por mi producto. Bebí más té, me relajé un poco, luego me di un baño caliente, envolví y fumé más tabaco y después me fui a la cama.
A la mañana siguiente, desperté como nuevo, listo para ir otra vez a trabajar a los muelles y comprar pescado fresco… excepto que estaba en mi casa, con mi esposa, con mi camioneta estacionada afuera y era sábado, no había que trabajar. Mi esposa y yo estábamos listos para ir a esquiar a Oregon y el vehículo estaba completamente cargado con el equipaje. Algo muy raro…
En el sueño era soltero. Y fumaba (nunca lo he hecho). Durante todo ese largo sueño hablé un mandarín muy fluido. Con una fluidez que solo puede alcanzar alguien que ha hablado ese idioma durante toda su vida. Además, tenía la apariencia de un chino promedio.
Pero soy un sujeto grande, peludo y blanco, tengo algo de fluidez con el inglés y hablo algo de ruso, pero no sé nada de mandarín. Simplemente fue algo raro. Jamás he trabajado en un mercado como vendedor de pescado.
Me pregunto quién era yo y qué fue todo eso.
Así no funciona la física.
Tuve un accidente de motocicleta hace como seis años. Iba por la Carretera Federal 45 y una mujer, que no me vio, giró hacia la izquierda frente a mí. Quizá fueron unos cuantos milisegundos pero recuerdo haber ponderado mis opciones y pensar si intentaba pasar por encima del auto o por debajo derrapando la motocicleta en el pavimento.
Puse la moto en el suelo tan pronto como reaccioné. Fui directamente bajo el automóvil, en una línea diagonal. Me deslicé por el pavimento sin casco, pantalones vaqueros ni chamarra, lo único que llevaba era una sudadera barata de Walmart. En esas condiciones de arrastré por unos 25 metros (no estoy seguro de la distancia exacta, pero fue un camino bastante largo) sobre el pavimento, al detenerme me puse de pie y lo único malo que noté fue un pequeño agujero del tamaño de una moneda de diez centavos en la manga de la sudadera. No había ni un solo rasguño en mi cuerpo.
Recuerdo mirar aquel agujero en la ropa, después mi motocicleta hecha pedazos, y a alguien gritando en mi cabeza “LA FÍSICA NO FUNCIONA DE ESA FORMA”.
Escape temporal.
Me pasó algo muy extraño en 1993. En esa época trabajaba en la Universidad, primero tomaba un autobús, después un tren y finalmente el transporte del trabajo me llevaba hasta el campus todos los días.
Me encontraba con el mismo conductor de la Universidad todos los días y siempre hablábamos de las cosas que habíamos hecho esa semana. Cuando me bajaba del autobús revisaba el reloj que colgaba del techo justo del otro lado de las puertas de entrada: siempre a las 9:05. Después hacia un camino de unos dos minutos por las oficinas de personal, el sindicato de estudiantes y la cafetería hasta que llegaba a la biblioteca.
Sin embargo, una mañana llegué a trabajar a la misma hora, pero el otro encargado de la biblioteca ya la había abierto. Se me quedó viendo muy extrañado, y me preguntó qué me había pasado. No sabía de qué diablos hablaba, y le respondí “nada, ¿por qué?”. “Porque nunca has llegado tarde, y ya son las 10:07”.
En algún punto entre el reloj de la entrada y ese recorrido de dos minutos entre cientos de estudiantes que no vieron nada, perdí una hora de mi vida. Siempre bromeo con que fueron extraterrestres, pero no sé qué diablos pasó.
El artículo Relatos y episodios de errores en la Matrix fue publicado en Marcianos.
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